La picardía alborota blancas y corcheas. Ecos salamanqueros se agitan en las costillas de la chacarera. “El diablerío a la bulla entre medio las rendijas y las brujas cocinando puchero de lagartijas. Dele bailar en las brasas los diablitos ayudando levantaban con la cola las cenizas calcinantes...” los versos de Osvaldo Chichí Costello desparraman sus fechorías en el piano. Su sensibilidad se arropa ahora con zambas, algún tango o una bossa. Acaricia con una vidala el alma cerreña de Nina Velárdez. Tarcos y murmullos ferroviarios circulan por el pentagrama del desvelo de Tafí Viejo. “Mis padres escuchaban música clásica y tango a diario. Se escuchaba en un combinado que era un mueble que servía para escuchar discos de vinilo y radio. A los ocho años escuchaba el vals ‘Lágrimas y sonrisas’, que tocaba Rodolfo Biagi con su orquesta; a los dos minutos y 10 segundos aparecía el piano y yo me hacía de tocar sobre el combinado. El entusiasmo fue aumentando hasta que descubrí que el Conservatorio Santa Cecilia estaba a la vuelta de casa, así que entré y dije que quería estudiar piano. La profesora Ernestina Tula de Álvarez me miró, asintió con la cabeza y me preguntó donde vivía. Al otro día fue a hablar con mis padres, que se sorprendieron y me apoyaron toda la vida en el camino de la música”, recuerda Quique Yance, pianista, compositor y arreglador, también farmacéutico taficeño.

Esta noche, las corcheas y las negras llegarán a todas las casas por streaming. Junto a Mariela Narchi y con su banda en pleno (Eduardo Issa Osman, Marcelo Farfán, Raúl Villagra y Matthias Aguero Hinz), actuarán a partir de las 21 desde Estudio Rojo, por el canal de YouTube Live de esta sala de grabación.

- ¿Cómo nacieron tus primeras escaramuzas musicales?

- Estudié música clásica, barroca y romántica durante 10 años, hasta los 18. Aunque en la adolescencia empezó a picar el bichito del rock nacional de la mano de Serú Girán, así que al organizar el primer grupo a los 20 años, “Cave Ne Cadas”, con Guillermo Solito, Raúl Soria, Alejandro Navarro y José Antonio Saife, hicimos temas propios dentro del género rock argentino. A los 23 ya asomó el folclore de fusión de la mano del Grupo Contemporáneo de Folclore, junto a Javier Núñez, Lucho Hoyos, Yuca Córdoba, Leopoldo Deza, Topo Bejarano y Soria.

- ¿La farmacia le dio una dosis de lexotanil a la música?

- A los 25, me recibí de farmacéutico y me fui a trabajar en el hospital de Humahuaca, estuve un año entero aprendiendo la profesión. Le alquilaba la casa a la ex esposa de Ricardo Vilca. Creo que la música fue ganando la pulseada. Me relacioné con Tomás Lipán, Fortunato Ramos, por supuesto Vilca (nos hicimos amigos) y luego al invitarme Gustavo Patiño a sumarme a su grupo, tuve que decidir y empecé una gira nacional por primera vez.

- ¿Cómo te relacionaste con el Cuchi Leguizamón? ¿Qué aprendiste de él?

- Una vez fuimos a actuar en el teatro de La Casa de la Cultura en la calle Caseros, en Salta, con el grupo de danza “La otra” que dirigía la maestra Beatriz Lábatte y el Cuchi fue a ver el show. Igual que a los ocho años, tomé la iniciativa y le dije que quería tomar clases con él. Así que viajaba a Salta y nos encontrábamos en su casa de la calle San Luis, la misma donde me alojo cuando voy en la actualidad, porque soy muy amigo de su hijo Luis Leguizamón, que vive en esa misma propiedad. Era un exquisito en trabajar las melodías haciéndolas jugar en las disonancias, trabajar las dos manos en contrapunto y en definir las intros como si fueran temas.

- ¿Cómo se produjo tu debut profesional?

- Con Cave Ne Cadas, el Grupo Contemporáneo de Folclore, GMT y el Grupo Vocal Tafí, siempre actuamos por amor a nuestras composiciones y a nuestros arreglos, aunque con el grupo Thelo (junto a Gustavo Parrado, Santiago Caminos, Luis D’Ouriex, Patricia Salazar y Luis Corvalán) ya empezamos a tener nuestros honorarios. Actuábamos en la pista de patinaje Winner y en eventos privados. El debut profesional como músico contratado fue con Patiño.

- ¿Qué determinó que te dedicaras a la música?

- Creo que a los genes los ayudaron hechos y personajes concretos en mi vida, como mis padres que nos hacían escuchar música desde niños; como Biagi que influenció en mi gusto por el piano; Norma Abdelnur, una excelente profesora de música del Colegio Comercial de Tafí Viejo o el piano que me regaló a los nueve años mi tía Norma López de Durán. Mis padres me apoyaron cuando tenía que decidir entre el hospital de Humahuaca y las giras con Patiño; también tuvieron que ver el respeto y el cariño con el que me trataron todos los artistas con los que trabajé y, por último, lo que siento cuando subo a un escenario.

- ¿La composición surge como una necesidad de expresarte? ¿Tenés facilidad para las melodías y las letras?

- Sin duda, las expresiones dentro de la música son diversas y variadas, al hacer un arreglo, al cantar, al ejecutar un instrumento, al estar en un coro o en una orquesta, pero dentro de ellas una necesidad vital es la de la creación, que es la expresión pura del alma. Tengo mucha más facilidad para las melodías, los arreglos y las orquestaciones que para las letras. Por eso musicalicé poesías de Gerardo Núñez, Mariela Narchi, Chichi Costello, Alejandro Gil, Néstor Soria, Rubén Leiva, Rubén Cruz y Julio Campero.

- Tocaste un tiempo con Horacio Banegas, ¿cómo resultó esa experiencia?

- Horacio es un caballero, una excelente persona y un profesional matriculado, recorrimos cuatro o cinco veces todas las provincias del país, así que te imaginás los kilómetros que tengo recorridos… Me enseñó muchas cosas, sobre todo me estimuló a seguir con mis composiciones y me dio cátedra de cómo comportarse para ser profesional en la música.

- ¿Qué otros artistas te hicieron crecer musicalmente y en lo personal?

- Aprendí con cada músico que tocamos en vivo o grabamos, cada uno fue un maestro a su manera: Pica Juárez, Tubo Moya, Pancho Cabral y Pimpe González de La Rioja; Pablo Mema, el Dúo Coplanacu -mis amigos queridos-, Juan Saavedra, Coqui y Pajarín Saavedra, don Sixto Palavecino, de Santiago del Estero; Claudia Pirán y Juan Liendro, de San Juan; Bruno Arias, Gustavo Patiño, Memo Vilte, de Jujuy; Luis Leguizamón, de Salta; Rubén Goldin, de Rosario; Mariela Narchi, Issa Osman, Los Puesteros, Marcelo Farfán, Quattro, el Mono Villafañe, Cucho Villagra, Tucumano, Tafinando, Carlos Podazza, Mathias Agüero, Pancho Santamarina, Vivi Taberna, Jorge Soraire y tantos amigos de Tucumán...

- En los últimos años te abocaste a la interpretación y a los arreglos de la obra de Gerardo Núñez. ¿De qué te hablan sus creaciones? ¿Cuál es la importancia de Gerardo en el folclore?

- Empecé a escribir los temas que tenía que inscribir Gerardo en Sadaic (son alrededor de 50) y descubrí que la mayor parte de su obra no estaba editada, así que diseñamos con él un proyecto al que bautizamos “El viaje”, para editar cuatro discos, un libro con partituras de sus 100 temas y un documental sobre su vida. El folclore tiene mucho de querer estancar las cosas y no darles oportunidad que sigan creciendo. Gerardo es todo lo opuesto, un artista sumamente abierto y un adelantado a nuestra época.

- ¿Cuál es tu búsqueda en la interpretación y en tus composiciones?

- Ser el puente entre la luz y la magia que baja del cielo y la gente.

- ¿Qué representa Tafí Viejo y el piano en tu vida y en tu obra?

- La paz, el aire puro, la familia, los lapachos, los tarcos, los amigos, los cerros azules, los azahares, la felicidad, la extensión del alma al universo.

- La vida sin música sería un error, afirmaba Nietzsche, ¿es así?

- Gravísimo error.